
Agustín Pérez es un tipo activo. Eso es dato, no opinión. Ocupando sus días entre canciones de diferentes grupos como Calíope o Cortito y Funky, sin desperdiciar su tiempo, Pérez hace lo que sabe hacer: música, siempre música.

La relación de Carito con la música va mucho más allá de hacer música y tocar. Hay una conexión espiritual con la creación de música y también con sus pares, algo que profundiza su vinculación humana a partir del ejercicio artístico.

Una frescura que sintoniza con una era de diversidad en que los paradigmas estáticos vienen tambaleando, dando paso a libertades sin necesidad de clasificaciones e identidades que indagan en la espontaneidad y sensibilidad.

Parte de una escena rosarina que convive felizmente entre el funk, neo soul e indie pop. Más allá de las diferencias estéticas características de cada género las tres propuestas tienen un objetivo en común: poner el cuerpo en acción.
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